El caso Air India 171 y el valor de investigar sin prisas… pero sin pausas
- Jose M. Villaverde

- 20 nov 2025
- 5 Min. de lectura
El 12 de junio de 2025, el vuelo Air India 171 despega de Ahmedabad con destino Londres. Es un Boeing 787-8 Dreamliner, aeronave de última generación y orgullo de la flota india. Nada en la preparación del vuelo anticipa una tragedia: meteorología apta, mantenimiento al día, tripulación experimentada. Sin embargo, treinta y pocos segundos después del despegue, el avión pierde potencia en ambos motores, no consigue ganar altura y termina impactando contra edificios del área del hospital universitario cercano al aeropuerto.
El saldo es devastador: más de 250 víctimas mortales, entre personas a bordo y en tierra, y un único superviviente. El siniestro se convierte en el más grave de la historia reciente de la aviación india y en el primer accidente mortal de un Boeing 787 desde su entrada en servicio.
Pero más allá de las cifras, lo que ha mantenido al mundo aeronáutico en vilo es el misterio técnico revelado por el informe preliminar: los interruptores de control de combustible de ambos motores pasaron de RUN a CUTOFF justo después del despegue, cortando el flujo de combustible y provocando el apagado casi simultáneo de los motores. Pocos segundos después, los interruptores aparecen de nuevo en RUN, como si alguien –o algo– hubiera intentado corregir la situación.
La secuencia de los hechos: del “rotate” al impacto
Según el informe preliminar de la Aircraft Accident Investigation Bureau (AAIB) de India, y análisis posteriores de Reuters, BBC y otros medios especializados, la secuencia reconstruida es, resumidamente, la siguiente:
El avión inicia carrera de despegue y se eleva sin novedad.
Tres segundos después del lift-off, el interruptor de combustible del motor 1 pasa de RUN a CUTOFF.
Un segundo más tarde, el interruptor del motor 2 también pasa a CUTOFF. Ambos motores comienzan a perder empuje rápidamente.
Se registra una llamada de “Mayday” y en la cabina se escucha a un piloto preguntar “¿Por qué lo cortaste?”, a lo que el otro responde que no lo hizo.
Los interruptores vuelven a RUN automáticamente (o por acción no determinada) y se inicia una secuencia de reencendido. Uno de los motores muestra signos de recuperación parcial, el otro no.
Pese a los intentos de la tripulación, el avión no alcanza suficiente altitud para sobrevolar el perímetro del aeropuerto y se estrella en zona edificada 29–32 segundos después del despegue.
La AAIB descarta en esta fase preliminar fallos previos en el mantenimiento, combustible contaminado, ingestión de aves o condiciones meteorológicas adversas significativas.
Un pequeño dispositivo bajo la lupa: los interruptores de combustible
En el 787, los fuel control switches están situados en el módulo de control de los aceleradores, justo debajo de las palancas de potencia. Están protegidos por:
Un mecanismo de bloqueo metálico (stop-lock) que exige tirar del interruptor hacia arriba antes de poder moverlo.
Guardas laterales que los protegen de contactos accidentales.
Su función normal es arrancar y apagar los motores en tierra. En vuelo, moverlos a CUTOFF es una maniobra excepcional, reservada a emergencias muy específicas (incendio, desprendimiento de palas, vibraciones extremas). La posibilidad de que ambos interruptores pasen casi a la vez a CUTOFF sin intención consciente del piloto plantea interrogantes serios:
¿Hubo algún tipo de falla mecánica en el mecanismo de bloqueo?
¿Pudo una vibración extrema, golpe o deformación en el módulo de aceleración superar las protecciones físicas?
¿Existe alguna condición electrónica o de software que pudiera haber ordenado el cambio de posición?
La FAA ya había emitido en 2018 un Boletín de Información de Aeronavegabilidad (SAIB) sobre problemas de instalación del mecanismo de bloqueo en interruptores similares instalados en algunos 737, advirtiendo que, si el seguro quedaba desenganchado, las vibraciones podrían mover los interruptores a CUTOFF. Ese boletín no era de cumplimiento obligatorio, y Air India informó que no había realizado inspecciones específicas porque no se le aplicaba como directiva.
La investigación deberá determinar si existe un paralelismo entre aquel problema de diseño/instalación y lo ocurrido en el 787 accidentado.
Más allá de la técnica: factores humanos y organizacionales
Aunque la atención mediática se centra en la cuestión “¿quién o qué movió los interruptores?”, la experiencia en investigación de accidentes indica que casi nunca hay una sola causa. Es probable que el informe final incluya elementos de:
Diseño de cabina y ergonomía: ubicación de elementos críticos, claridad de indicaciones, posible confusión con otros mandos.
Formación de tripulaciones: entrenamiento específico en fallos de energía dual en despegue, uso de listas de comprobación de emergencia, reparto de tareas bajo presión extrema.
Cultura organizacional: cómo se gestionan las recomendaciones no obligatorias (como aquel boletín de la FAA), priorización de inversiones en seguridad, relaciones entre operador, fabricante y autoridad.
También habrá que analizar la respuesta de los servicios de emergencia, la evacuación de edificios impactados, la gestión de la crisis con familias y medios, y la coordinación internacional con otros Estados interesados (fabricación, diseño, registro).
Transparencia y tiempos: por qué el informe preliminar es solo el inicio
El caso AI171 reabre el debate sobre los tiempos de los informes de investigación. IATA ha señalado que cerca del 43 % de los accidentes ocurridos entre 2018 y 2023 aún no cuentan con informe final publicado, lo que limita el aprendizaje.
El Anexo 13 de OACI establece plazos y obligaciones:
Notificación inmediata del accidente a los Estados interesados y a la OACI.
Informe preliminar dentro de los 30 días, con hechos básicos y posibles medidas urgentes.
Informe final tan pronto como sea posible, idealmente dentro de 12 meses.
En el caso de Air India 171, la AAIB cumplió con el informe preliminar, que ya ha permitido a otras autoridades y operadores revisar chequeos y boletines de mantenimiento relacionados con los interruptores de combustible.
Lo importante ahora será mantener un equilibrio entre rigor y oportunidad: una investigación tan compleja no debe apresurarse, pero tampoco puede prolongarse indefinidamente sin comunicación transparente.
Lecciones tempranas para la comunidad aeronáutica
Aunque la causa raíz aún no está establecida, ya se pueden extraer varias lecciones de gestión de seguridad:
Tratar las advertencias “no obligatorias” con recomendaciones de los fabricantes pueden no ser legalmente vinculantes, pero suelen apuntar a riesgos reales. Ignorarlos por no ser “mandatorios” puede dejar grietas en el sistema.
Reforzar entrenamiento en fallos catastróficos de potencia en despegue. Aunque extremadamente raros, escenarios de pérdida dual de empuje en baja altura exigen respuestas muy rápidas y entrenadas, incluyendo decisiones de pista “rechazar / continuar” y manejo de configuraciones (flaps, tren).
Profundizar en la ergonomía de cabina. Eventos como este invitan a revisar si los elementos críticos están suficientemente segregados, protegidos y diferenciados de otros mandos, minimizando la posibilidad de movimientos inadvertidos.
Comunicación sensible con el público. En accidentes de alto impacto mediático, la gestión de la información es crucial para evitar especulaciones dañinas y teorías conspirativas. Informes claros, ruedas de prensa técnicas y acompañamiento a familiares son parte integral del proceso de safety.
Un accidente moderno con lecciones clásicas
El accidente del Air India 171 nos recuerda que, incluso en aeronaves de última generación, pequeños elementos mecánicos y decisiones en cabina pueden marcar la diferencia entre un vuelo rutinario y una tragedia. La tecnología reduce muchos riesgos, pero también introduce nuevas dependencias y modos de falla.
Mientras la AAIB avanza en su investigación con apoyo de Boeing, la FAA y otras autoridades, la comunidad internacional observa con atención. Lo que se aprenda de este caso –en diseño, mantenimiento, entrenamiento y cultura de seguridad– se integrará, probablemente, en futuros manuales, boletines y normas. Y aunque nada devolverá la vida a quienes la perdieron, cada mejora derivada de este accidente será un tributo a su memoria, en forma de vuelos un poco más seguros en todo el mundo.





Comentarios