“SINDROME DE BURNOUT”. UNA AMENAZA SILENCIOSA A LA SEGURIDAD DE VUELO

Actualizado: feb 25


“Siempre está oscuro antes de encender la luz”

Paul Watzlawick (Teoría de la comunicación humana)

Posiblemente su nombre “oficial” Síndrome de Burnout, como tal, a muchos no les diga gran cosa o tal vez nada, pero si utilizamos alguno de sus múltiples sinónimos captarán en seguida su significado.

El Síndrome de Burnout es también llamado en distintos contextos “síndrome de desgaste profesional” o “síndrome de desgaste ocupacional” (SDO), “síndrome del trabajador desgastado”, “síndrome del trabajador consumido”, etc. La traducción literal de este término podría ser sencillamente “estar quemado”, y su origen primigenio hay que buscarlo en la industria aeroespacial en donde, al parecer, se utilizaba esta locución para expresar el agotamiento del carburante de un cohete, como resultado de un calentamiento excesivo. Recurriendo al diccionario de la Real Academia Española, “quemar(se)” hace referencia a impacientarse o desazonarse, gastarse, quedarse sin recursos o posibilidades en una actividad cualquiera.

No obstante, ya dentro del ámbito de la psicología se suele recurrir a Herbert Freudenberger, psiquiatra en Nueva York, y a la fecha de 1974, como el primero en hablar del Síndrome del Burnout como tal al constatar que voluntarios en una clínica de toxicómanos al cabo de poco más de un año en esta actividad comenzaban a presentar estado de ánimo depresivo, pérdida de energía y desmotivación para el trabajo. Freudenberger observó cómo estas personas gradualmente se volvían insensibles, poco comprensivas e incluso agresivas en relación con los pacientes, pasando a tener un trato distanciado y cínico con ellos y llegando incluso a culparles de los problemas que padecían. Habiendo iniciado su trabajo llenos de ilusión y espíritu altruista iban perdiendo poco a poco estos sentimientos para terminar no sólo desilusionados sino, incluso, con trastornos emocionales.

Pero, en realidad, ¿QUÉ ES EL SÍNDROME DE BURNOUT?

El burnout está empezando a valorarse como una “enfermedad epidémica, emergente y todavía parcialmente oculta, de pronóstico catastrófico, y de efectos selectivos sobre los profesionales de diversas actividades”. En realidad es un síndrome a través del cual el trabajador pierde el sentido de su relación con el trabajo, de modo que las cosas ya no le importan más y cualquier esfuerzo le parece inútil.

Sin embargo, a lo largo de casi 40 años de estudios sobre el burnout, todavía no existe una postura consensuada sobre su definición. Al tratarse de un fenómeno dependiente de numerosas variables, tanto personales y contextuales como del propio trabajo a realizar, hace que no aparezca como un constructo homogéneo.

Pero, a pesar de que el Síndrome de Burnout está muy relacionado con el estrés laboral, tiene características propias que lo diferencian cualitativamente de un estrés laboral agravado. Constituye una etapa final del proceso en la cual el individuo queda en una situación de agotamiento de los propios recursos. Agotamiento emocional, despersonalización, desmotivación e insatisfacción en el trabajo podrían ser formas de presentarse con sus correspondientes consecuencias tanto en la esfera emocional, interpersonal, como laboral.[1]

Por otra parte, burnout se refiere exclusivamente a la actitud relacionada con el desempeño laboral, distanciamiento emocional y cognitivo de sus actividades diarias, con la consecuente incapacidad de responder adecuadamente, y debe diferenciarse claramente de la depresión clínica que afecta otras esferas de la vida.[2/3]

La Organización Mundial de la Salud (OMS) lo define como “staff Burnout”, diferenciándolo de una afección individual y aislada para enmarcarlo en una perspectiva social. Los trabajos e investigaciones sobre este tema han sido y son muy numerosos y, por supuesto, las citaciones del término se cuentan por centenares, y no solo en el ámbito sanitario sino en variadas y diversas actividades profesionales.

A QUIENES AFECTA

Ya se ha comentado que sus orígenes científicos se relacionaron con la medicina, especialmente con el personal que trabajaba en pacientes con graves patologías y/o en riesgo de muerte. Otro campo también abonado a sufrir esta alteración es el correspondiente a profesiones con intensa, directa y a veces conflictiva relación con las personas, como son especialmente los docentes. Sin olvidar su incidencia en colectivos sometidos a situaciones de gran estrés y ansiedad: las fuerzas de orden público, particularmente los artificieros; personal de justicia y a veces el dedicado a la seguridad de personas y bienes en general, altos ejecutivos, etc. Mención muy especial requieren los militares en misión y, cómo no, los bomberos, rescatistas y personal de salvamento y emergencias.

En 1977 el Congreso de la Asociación Americana de Psicología también utilizó el término burnout con respecto a los abogados que habían acabado desarrollando una actitud de cinismo y falta de responsabilidad en el ejercicio de su profesión. Y dentro de la jerga deportiva se intenta con él describir una situación en la que, en contra de las expectativas del deportista, éste no lograba obtener los resultados esperados por más que se hubiera entrenado para conseguirlos.

Así mismo hay estudios que incluyen en este riesgo a cualquier otro profesional que mantiene un contacto directo y constante con personas, si media entre ambos cualquier relación de ayuda o servicio y son beneficiarios del propio trabajo, como empleados de banca, árbitros y jueces deportivos, empleados de hostelería y del sector turístico, etc. Haciendo una distinción, la denominación burnout para estos autores sería de aplicación cuando existe una interrelación con personas constante y directa y, sencillamente, lo consideran estrés laboral cuando no exista dicha relación.[4]

¿QUÉ SUCEDE EN AVIACIÓN?

En aviación tenemos diversos colectivos proclives a sufrir este síndrome, por causas diversas pero confluyentes. Lo pueden sufrir los pilotos, los tripulantes de cabina de pasajeros (TCP), los controladores de vuelo, los técnicos de mantenimiento de aeronaves, el personal de atención y asistencia al pasajero, etc.

Incluso dentro de los diversos colectivos hay claras diferencias en cuanto a su prevalencia por razones obvias. No conlleva el mismo desgaste psicológico ?estrés laboral? el piloto de una compañía regular, que el de una chárter, o el de vuelos ejecutivos, prevención y extinción de incendios, tratamientos fitosanitarios, rescate aéreo, etc., o el piloto militar en misiones operativas. Ni el instructor de vuelo o el piloto de pruebas. Tampoco las expectativas profesionales, remuneración, incentivos, motivación, satisfacción en el trabajo y demás son las mismas para todos ellos.

Si nos remitimos, como simple ejemplo, a un estudio realizado en 2008 en el entorno laboral de los pilotos en México[5] , el grupo de pilotos bajo estudio presentaba un 3,6% de individuos con el Síndrome de Burnout, y un 38,0% de pilotos que se ubican en un nivel crítico de desarrollo de la sintomatología, lo que se traduce en que más de un 40% de la muestra se encuentra en situación de potencial riesgo de sufrirlo. Sería ilustrativo realizar estudios parecidos en diversos países.

Para los tripulantes de cabina de pasajeros (TCP), también como un ejemplo, tomamos datos de un estudio realizado por el Servicio Médico de Iberia L.A.E.[6] según el cual, si bien los datos obtenidos indican que los tripulantes de cabina, en general, no presentan un cuadro sintomatológico especialmente relevante en comparación con otros profesionales, si nos señala que el grupo de edad entre 41 y 50 años es el más lábil, presentando significativamente mayores niveles de “cansancio emocional”, “despersonalización” y mayor “falta de realización personal”. No habiendo encontrado diferencias significativas por sexo, aunque si se detecta mayor “cansancio emocional” en los tripulantes de vuelos de largo recorrido.

Otro colectivo muy implicado son los controladores aéreos. A estos se les supone una capacidad elevada de control de sus propias reacciones en favor de la seguridad de las aeronaves y sus tripulantes y pasajeros. Motivo por el cual la acumulación de alto estrés unida a otros factores coadyuvantes los hace expuestos a desarrollar el Síndrome de Burnout. En un estudio realizado en Noruega[7] sobre evaluación del estrés de los controladores aéreos en comparación con otras profesiones, estos puntuaron en “agotamiento emocional” igual que los agentes de policía pero, por ejemplo, menos que los periodistas.

Estudios realizados en Italia sobre el Síndrome de Burnout entre los controladores aéreos demostraron una correlación importante con la edad, los años dedicados a esta actividad, insatisfacción profesional y dificultades en el manejo del estrés. La profesión de controlador de tránsito aéreo es conocida por una alta tasa de agotamiento. El estrés constante es un riesgo laboral grave.

Y así podríamos ir adentrándonos en otros trabajos del mundo de la aviación donde nos encontraríamos con profesionales, como los técnicos de mantenimiento de aeronaves, que también viven habitualmente situaciones de estrés continuado caldo de cultivo del Síndrome de Burnout poseyendo alta responsabilidad en la seguridad de vuelo.

COMO SE DETECTA BURNOUT. SINTOMATOLOGÍA

El concepto más importante a tener en cuenta es que el Burnout es un proceso, más que un estado, y es progresivo.[8] Se presenta en etapas, denominadas de las tres “D”: porque comienza con un desgaste, sigue con el desánimo y acaba en la desesperanza.

Normalmente aflora con él una sintomatología multidimensional comórbida con síntomas base de ansiedad y depresión, junto con la aparición de múltiples somatizaciones. A pesar de las ya expuestas dificultades de diagnóstico, podríamos agrupar los síntomas concurrentes de la siguiente manera:

  • Físicos: Fatiga crónica, insomnio, cefaleas, taquicardias, trastornos alimenticios, contracturas musculares dolorosas, disfunciones sexuales, etc.

  • Emocionales: Síntomas disfóricos, agotamiento emocional, irritabilidad, ansiedad, depresión, frustración, aburrimiento, desesperanza, sentimiento de despersonalización, etc.

  • Conductuales: Agresividad, impulsividad, actitud defensiva, abuso de sustancias (café, tabaco, alcohol o de psicofármacos), etc.

  • Interpersonales: Mala comunicación, falta de concentración, aislamiento, actitud cínica, etc.

  • Laborales: Inadecuada adaptación al trabajo, total desinterés, desmotivación, bajo rendimiento, absentismo, etc.

A su vez estos síntomas pueden dividirse en cuatro estadios de evolución: leve, moderado, grave, extremo. Pero como muchos de estos síntomas son comunes a varias psicopatologías el diagnóstico ha de establecerse a través de la presencia de la tríada sintomatológica típica del Síndrome de Burnout constituida por el agotamiento emocional, la despersonalización y la falta de realización personal que claramente lo caracterizan, como ya se ha dicho varias veces en este artículo.[9]

QUE CONSECUENCIAS TIENE EL BURNOUT

El agotamiento emocional va acompañado de un agotamiento físico, de una sensación de “no poder enfrentarse a un nuevo día”. La tensión a que está sometido le impide desconectar. No duerme bien lo que conlleva una debilidad que produce alteraciones psico-físicas. Por otra parte la despersonalización le coloca en un mundo carente de significado, provoca la aparición de ciertos mecanismos cognitivo-actitudinales como la reducción de la autoestima, tendencia a la autoculpabilidad, a las actitudes negativas hacia sí mismo y hacia su trabajo, sentimientos de inferioridad o de incomprensión, pérdida de confianza. Cuando no frustración, apatía y aburrimiento con alejamiento de la realidad objetiva. Pudiendo incluso llegar a presentarse como un trastorno disociativo y, en casos extremos, aparición de tendencias suicidas. Y la baja realización personal sería la consecuencia observable del burnout, indiferencia y actitudes distantes respecto a los objetivos y utilidad del trabajo que desempeña el afectado; es decir, no hay una implicación personal positiva en el proceso de la tarea.

Para las profesiones aeronáuticas todo esto es algo a tomar muy en serio. En aviación tenemos un problema añadido ya que el resultado de una mala gestión de las emociones y el desconocimiento de los efectos devastadores del estrés prolongado pueden poner en serio peligro la operación aérea. Y el burnout dificulta gravemente la comunicación, la cooperación, el acatamiento de normas y procedimientos, entre otros varios requerimientos y, en consecuencia, el desarrollo de las competencias CRM (Cockpit/Crew Resource Management) directamente asociadas a la seguridad.

Los caminos que llevan a un profesional a sufrir burnout pueden ser múltiples, ya hemos aclarado que es algo más que puro estrés laboral. Y entre el 5 y el 10% de los casos el Síndrome de Burnout resulta irreversible. Por lo tanto, es importante la prevención ya que, normalmente, el diagnóstico precoz es complicado.

Al ser consecuencia del trabajo cotidiano desarrollado por profesionales dedicados a tareas delicadas y demandantes está perfectamente encuadrado en una “enfermedad psicosocial”. Si la empresa no prevé sus efectos, aumentará la extensión y magnitud del problema. Lo ideal es que mientras nos preocupamos por la empresa, ésta se preocupe por nosotros.

Y para acabar, simplemente apuntar orientativamente algunas formas de prevenirlo:

  • Desde la vertiente individual, entrenando conductas que ayuden a la gestión del estrés y mantenimiento de la estabilidad emocional.

  • Desde el área grupal, fomentando las relaciones interpersonales, incrementando la información y la formación.

  • Y, desde la organizacional, desarrollando programas de prevención, potenciando la comunicación en toda la organización, revisando políticas de promoción y delimitando estilos de mando y liderazgo, entre otras varias actuaciones más.

SALVADOR TOMÁS RUBIO. Ex piloto militar y piloto civil (retirado). Instructor y examinador de vuelo.

NOTAS AL PIE:

[1]Maslach C. Schaufeli WB. 1993. Historical and conceptual development of burnout. En Schaufeli et al. Eds. Professional Burnout: Recent Developments in Theory and Research. Washington, DC: Taylor & Francis. 1993, pp. 1-16

[2]Glass DC, Mcknight JD. 1996. Perceived control, depressive symptomatology, and professional burnout: a review of the evidence. Psychol Health 11:23-48. Bakker AB, Schaufeli WB, Demerouti E, Janssen PMP, Van der Hulst R, Brouwer J. 2000. Using equity theory to examine the difference between burnout and depression. Anxiety Stress Coping 13:247-68.

[3]Estas últimas referencias provienen del Seminario “Ejercicio actual de la medicina”. Junio 2007. UNAM (México)

http://www.facmed.unam.mx/eventos/seam2k1/2007/jun_01_ponencia.html

[4]Gil-Monte, P.R. y Moreno-Jiménez, B. 2007: El síndrome de quemarse por el trabajo (burnout): Grupos profesionales de riesgo. Pirámide. Madrid.

[5] Trabajo presentado en el II Encuentro de Seguridad Aérea CPAM 2008 realizado por Carla Aguirre Más y José Antonio Martín García. http://colegiodepilotos.org.mx/cabina/bolet33/12.pdf

[6] R. López Martínez & S. Bautista Ibáñez, 2001. El Síndrome Burnout entre los tripulantes de cabina de pasajeros. Publicado en la revista “Medicina Aeroespacial y Ambiental” Junio/2002

[7] Martinussen M. , Richardsen AM. 2006: Air traffic controlled burnout survey responses regarding job demands, job resources, and health. Departamento de Psicología de la Universidad de Tromsø, Noruega. Aviat Space Environ Med. http://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/16676654

[8] Gil-Monte, P. R. y Peiró, J. M. (1997). Desgaste psíquico en el trabajo: el síndrome de quemarse. Madrid: Síntesis. (ISBN: 84-7738-472-X).

[9] LEITER, M. P. y MASLACH, C. (1988): “The impact of interpersonal environment on burnout and organizational commitment”, Journal of Occupational Behavior, vol. 9


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